21 Fragmentados – Huyendo


-Nos acabamos de enterar de parte del Hospital Psiquiátrico que su esposa ha escapado. No tienen más noticias acerca de su paradero, según dicen, alguien la vio por las calles a las 3 a.m. huyendo. Realmente nadie sabe en dónde está.

-Deberíamos considerar ya desconectarlo, pues no hay esperanza alguna de que despierte. Hay muchas personas en espera de esa cama y por este hombre no existe ni un familiar que apele por su vida. Daremos 72 horas para que algún pariente tome la decisión, de no ser así, nuestro deber será hacerlo-, dijeron en el hospital.

Confuso y turbado, encerrado en la obscuridad pudo recordar el momento de aquella noche; la de su aniversario, acababa de salir del trabajo, empezaba a oscurecer y debía darse prisa o ya no encontraría al joven vendedor. Apresurando el paso halló al ambulante de flores exóticas, al no elegir alguna, decidió comprar todas… le recordaban su belleza.

A pesar de percibir el tranquilizante aroma de las flores, la confusión retumbaba en su cabeza. ¿Cómo echar a perder esa mágica noche poniéndola al tanto de lo que estaba pasando?, ¿cómo decirle hasta qué punto había llegado la amenaza?

Prometieron no guardar secretos entre sí pero no quería angustiarla. Aquel presentimiento lo invadía… el frío de sentir a la muerte rondando, soplando constantemente su helado aliento hasta enchinarle la piel. La situación se había salido de su control, haberse inmiscuido de más en asuntos de cárteles… y sus lazos con políticos… ¿¡En qué momento perdió la cabeza?! Debí haber pensado en ella antes de enviar esos archivos-, se reprochó.

De pronto, recordó que llevaba en la cajuela del carro su guitarra, comenzó a tararear aquella clásica canción irlandesa Nothing compares to you. La que sonaba aquella noche cuando se conocieron. Planeó entonarla tras de su puerta en una sorpresiva serenata, mientras ella lo aguardase en el porche de la casa, deleitándole.

Claramente recordaba cómo estacionó el carro de manera silenciosa para sorprenderla, tomó la guitarra y sus pies empezaron a caminar sobre el pasto húmedo, su corazón empezó a palpitar muy rápido. Raramente empezó a sentirse muy nervioso; afinó el instrumento y tocó el primer acorde. Su esposa salió alegremente a recibirlo, tan hermosa como la imaginaba…, de pronto un calor le recorrió la espalda- ¡Eleeena!- gritó. Obscuridad total.

-¡Doctor! El paciente está entrando en crisis- gritó la enfermera.

Mientras, ella se dirigía a ese inhóspito lugar sin percatarse de que un vidrio atravesaba poco a poco su endeble pie… logró atravesarlo. La sangre brotaba como un mar, le invadía el recuerdo de aquella noche. ¿Cómo una hermosa velada se había transformado en una tragedia? Aquella desdicha logró arrebatar la unión que juntos habían construido.

Las calles se tornaban eternas y el tiempo parecía haberse detenido, su andar kilómetro a kilómetro parecía no terminar, hasta yacer su cuerpo débil y agotado en el pavimento por la mucha sangre que ya había emanado de su cuerpo; las imágenes de la luna y las estrellas resplandecían radiantemente sobre su rostro transformándose en una imagen surreal.

La idea de un reencuentro con su amado había desaparecido. La esperanza se la había llevado el viento y aquellos pocos recuerdos que le quedaban estaban por desvanecerse de su memoria. Aquel sentimiento de coraje comenzó a invadirle; el enojo y la desesperación se convirtieron en sus aliadas.

La fuerza surgió de lo más profundo de su ser, sacó cuidadosamente el vidrio de su pie, rasgando la parte inferior de la bata con la que había salido del manicomio, y obtuvo un pedazo de tela con el que envolvió delicadamente su malherida extremidad. Repentinamente, en la distancia notó que una camioneta GMC Yukon negra, blindada se acercaba a gran velocidad directo hacia ella, se sintió intrigada y a la vez presa del miedo. Intentó llegar a la casa más cercana lo más pronto posible, al llegar a la puerta con gran esfuerzo gritó al interior pidiendo ayuda, sin embargo, nadie acudió a su llamado, la voz se volvió un eco en aquel silencio ensordecedor.

Aquella camioneta no tenía otra misión que hacerla desaparecer…


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