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Friday, March 22, 2019

Este martes la humanidad, con diversos husos horarios a lo largo y ancho del planeta, dio inicio al año 2019, con diferentes actividades festivas y el destello de juegos pirotécnicos que iluminaban cielos oscuros, como analogía a lo que esperan los diversos pueblos: luz para alcanzar paz y armonía en medio del pesimismo y vencer las tinieblas del mal que toman forma a través de las más variadas ejecutorias humanas; llámese corrupción a todos los niveles de las sociedades, narcotráfico, nepotismo, etc. Pero sobre todo debido a la indiferencia en las relaciones con “el otro”.

En Honduras por ejemplo se elaboran en cada comunidad monigotes llamados “año viejo” (quemado al filo de la medianoche); estos representan figuras políticas nacionales e internacionales que gozan impopularidad entre sus habitantes. Donald Trump presidente estadounidense, por sus políticas discriminatorias de la comunidad latina, y Juan Orlando Hernández dignatario hondureño, debido a su cuestionada reelección presidencial y decrecientes niveles de popularidad, han tenido la “mala suerte” de ser elegidos para tal fin en el año recién concluido. La tradicional “barrida de casa” en los hogares mexicanos a fin de que el nuevo año traiga cosas positivas.

En un principio, creo que cada año que termina debe servirnos como autocritica y reflexión para profundizar en lo que hemos hecho y sobre todo redimensionar nuestros esfuerzos para alcanzar metas que tal vez no hemos logrado debido a una serie de “distracciones” que nos alejan en la consecución de nuestros objetivos.

El nuevo año por lo tanto debe caracterizarnos por la fe, mesura, esperanza, solidaridad y trabajo disciplinado y productivo en nuestros diversos espacios a fin de conquistar y lograr altas cuotas de excelencia profesional y social, pero también de humanidad, en medio de marcados egoísmos encerrados en nacionalismos que toman forma a nivel internacional.

En lo político hemos visto con cifradas esperanzas de un cambio global, la reciente ascensión al poder de líderes como el mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y el brasileño Jair Bolsonaro, con antagónicas ideologías en la observación y confrontación de la realidad.

No puede haber un año nuevo floreciente cuando nos encerramos en nuestras “particulares” formas de ver al mundo, lo que indudablemente limita la posibilidad de construir democracias en donde haya voces pluralistas que se erijan en los nuevos artesanos que nuestros países necesitan para propiciar e impulsar cambios graduales y consistentes para el logro del bienestar común.

Por otra parte, el inicio de un nuevo año es un indicativo de que todo está circunscrita a ciclos y que el cambio personal y humano requiere de la reinvención continua para avanzar en sociedades como las nuestras en donde, fenómenos contemporáneos como la robotización, producto de la inteligencia artificial, en verdad es una “amenaza” latente contra el sistema laboral tradicional, lo cual debe motivar una respuesta “ética” y humana de empresarios, gobernantes, líderes sociales, así también de los creadores de estas piezas postmodernas que en términos generales buscan suplantar la actividad creadora humana.

En mi opinión, éste año estará marcado por una serie de desafíos que requerirán entendimiento y tolerancia para responder de la mejor manera a los mismos. Es el caso latente de los conflictos comerciales entre las potencias económicas globales; la necesidad de rediseñar e implementar políticas que “acerquen” el desarrollo a los países del sur subdesarrollado (tal es el caso de la multimillonaria inversión méxico-estadounidense en Centroamérica por el orden de 5,800 millones de dólares anunciado recientemente por el canciller azteca Marcelo Ebrard); así como los viejos y renovadas confrontaciones internas y externas entre aquellos grupos que promueven el status quo y otros que buscan romperlo.

Para concluir, espero que el año que recién ha comenzado sirva para trabajar proactiva y dinámicamente por la paz y el progreso para reivindicar la histórica lucha del hombre para lograr aceptables y dignos estadios de desarrollo.

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