¡A la madre! | LandingMx

Monday, October 15, 2018

¿Cuántas maneras hay de decirle a nuestra progenitora?, veamos: madre, mami, mamita, mamacita, jefa, jefecita. No son tantas.

La palabra madre tiene varias y variadas formas de ser empleada, tanto para insultar, como para vanagloriar.

  • Ser el hijo de la madre: Hijo de tu madre, hijo de tu chingada madre, hijo de tu puta madre, hijo de tu pinche madre
  • Como verbo: Madrear (golpear) – con todas sus conjugaciones: yo madree, tú madreas, él madrea, etc.
  • Como sustantivo: Madres (cosas), ni madres (no hay nada), en la madre (algo pasó), a la madre (sorpresa), chingar a su madre (literalmente, que moleste a su progenitora o que practique el coito con ella), madriza (golpiza, paliza), vale madre (cuando las cosas no salen conforme al plan), romper la madre (propinarle a alguien una golpiza), pinche madre (mala progenitora), a toda madre (que las cosas van muy bien), poca madre (mala onda)
  • Como adjetivo: Madreado (golpeado, cansado, derrotado, fracasado)

Esta es la verdadera forma de hablar de los mexicanos; jóvenes, adultos, jóvenes adultos, adultos mayores, hombres, mujeres, milenials, generación x… ricos, pobres, intelectuales, profesionistas, técnicos, estudiantes, chilangos, provincianos, norteños, sureños, bueno; hasta los nacionalizados.

A todos o a la gran mayoría en algún momento nos ha salido del alma alguna de las anteriores bien acomodada que exprese nuestra indignación, coraje, emoción o exaltación por alguna circunstancia, situación o persona.

No es sorpresa para nadie que el vocabulario del mexicano es harto expresivo, puesto que su carácter suele ser similar, con un toque de espontaneidad, sinceridad y una, hasta cierto punto, sobredosis de intensidad.

He de confesar que los insultos de algunos países que se enfocan al excremento, fluidos corporales o incluso aquellos que hacen alusión a una baja capacidad mental me han parecido de risa. Como que si me los dijeran tras haberles aventado el carro al incorporarme de la lateral de una avenida a los carriles de alta velocidad por prisa, me gritaran algo así como cara de caca, lejos de ofenderme, me harían el día.

¡Ah pero eso sí! Ahí de aquel que me acomode un sonoro y rugido “¡chinga tu madre!” de su ronco pecho, porque siento que la sangre me llega a la cabeza y me hierve junto con un litro de tequila que burbujea sin parar. Francamente tan solo de pensar en esas dos palabras juntas (violar y mamá), es en verdad algo para perder los estribos.

Creo, tiene que ver con la cultura de este país en el que he nacido y crecido, este México que como lo plantea el escritor y premio Nobel de literatura Octavio Paz, en su obra El laberinto de la Soledad, capítulo titulado Los hijos de la malinche, nos especializamos en la crueldad y el sadismo.

Porque aunque, la chingada, es la madre y esta a su vez el insulto, queda claro que nos rehusamos a siquiera pensar que esa madre sea una de carne y hueso, sino que más bien la canalizamos a una figura mítica.

La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la “sufrida madre mexicana” que festejamos el 10 de mayo. Por lo que para cualquier mexicano es una “mentada de madre” que se la recuerden, debido a, como dice Paz, que La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente.

En fin que este es su día especial, en el que celebramos el motor que representan en nuestra vida, aunque las evoquemos e invoquemos todos los días del año.

 

 

Sara Silva
Nacida en la Ciudad de México el 9 de octubre de 1983. Estudió la carrera de Comunicación y Periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde 2006 ha ejercido la labor periodística en medios radiofónicos e impresos, en la fuente de política, espectáculos y medicina. Actualmente creativa en una agencia de publicidad para la industria farmacéutica y docente de la expresión para el nivel medio superior. Agradecida con la sociedad por siempre generar historias, con las letras por formar palabras y con los sueños por hacerse realidad, por ello convencida desde el inicio de su profesión y en el ejercicio diario de que no hay periodista sin suerte.

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