Ejercicio literario a 9 plumas - Parte 5 | LandingMX

Saturday, October 20, 2018
Literatura

Ejercicio literario a 9 plumas – Parte 5

>Pablo Torres Pablo Torres
noviembre 28, 2017

Do you remember the 21st night of September?

Mis padres amaban esa canción y aprendí a hacerlo también… Entonces pensé que tenía días sin recordarlos, incluso semanas, y el estarlo haciendo en ese momento me hiela la piel. Caí en cuenta de que estaba empezando a olvidar cosas y que el tiempo me resultaba un tanto inconcebible en mi cabeza. No sabía cuántos días llevaba así, sintiéndome tan ajeno a mi exterior, creyendo que vivía… o al menos esa fue la sensación que tuve.

Me quedé paralizado frente al volante, mirando hacia al frente, me llevé las manos a los ojos y los froté de arriba abajo con las palmas, la radio continuaba encendida, «Ba de ya, say do you remember, ba de ya, dancing in September, ba de ya, never was a cloudy day…».

-Yo sí recuerdo y no estabas bailando.

Me sobresalté y volteé a los asientos traseros, la voz provenía a mis espaldas, pero no había nadie. Apagué la radio y me quedé escrudiñando el espacio hasta que algo llamó mi atención. Debajo del tapete se asomaba la punta de lo que parecía un pedazo de papel doblado. Lo tomé, era una pequeña nota, estaba escrita con una caligrafía impecable a pesar de revelar un trazo ágil y nervioso.

Leonardo:


Estuve ayer con ellos, son tres, no dejes que te suministren nada, por favor. Toma una de color ópalo al amanecer y una negra al caer el sol. Son diez, sigue la dosis, termínatelas todas. Te sentirás mejor y recuperarás lo perdido. No confíes en nadie y nada es lo que parece. No me busques, otros te guiarán, tú sabrás quiénes son. Sé un ciego que puede mirar…

P.

Me quedé observando aquellas líneas intentando que mi memoria tuviera éxito, pero fue inútil, no lograba recordar nada, no distinguía particularmente la letra y la firma no ayudaba a develar el remitente.

-No hay tiempo. Se han percatado de que estás tardando mucho y el auto no se ha movido.

Despegué los ojos de la nota y giré la cabeza abruptamente hacia el lado del copiloto, encogiéndome de hombros y echando mi espalda hacia atrás pegada a la puerta, terriblemente espantado.

Una mujer de cabello negro y corto estaba sentada ahora en aquel lugar. Tenía la mirada fija hacia al frente. No volteaba. Llevaba un suéter remangado azul rey que contrastaba con su piel pálida y unos jeans negros con las rodillas rasgadas. Estaba descalza. De su muñeca derecha, llegué a distinguir unos símbolos en su piel, tatuajes seguramente, pensé. Pero hubo uno en particular que llamó mi atención, era una línea curva con cinco líneas verticales pequeñas que la tocaban con uno de sus límites, dando la forma de un ojo cerrado. Eso me figuró.

Yo respiraba agitado hasta que conseguí relajarme. No hablaba, ni siquiera sabía qué decir, no entendía absolutamente nada. Silencio.

-¿No te resulta un tanto curiosa la insistencia para que te presentes a esa cita? –dijo, cuando volteó y me clavó sus ojos imponentes-. Debemos irnos ya.


La parte 1 del Ejercicio literario a 9 plumas la puedes leer aquí.

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