Capitalismo Incluyente: la opción para solucionar la desigualdad en Economías Emergentes

Tuesday, December 11, 2018

Antecedente


Existen diversos estudios que dan cuentan de la creciente desigualdad en los más heterogéneos países del mundo. Regiones enteras se encuentran atrapadas en esta suerte de Capitalismo Oligopólico que, si bien continúa generando riqueza, claramente ha perdido su capacidad de distribuirla hacia las capas sociales con menor nivel de ingreso.

En enero de 2014, Oxfam reveló que las 85 personas más ricas controlaban tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial. Para enero del 2015, el número se había reducido a 80. La profundización de la desigualdad económica es la tendencia más preocupante para 2015, según en Foro Económico Mundial.

En nuestro país más de veintitrés millones de personas no pueden adquirir una canasta básica, sin embargo, ha generado en los 30 años últimos años del modelo económico exportador una camada de multimillonarios de clase mundial.

Millonarios que no nos hacen sentir orgullosos como sociedad, pues son, en su mayoría, fortunas que no provienen del emprendedurismo visionario sino de una economía de mercado oligopólica formada al cobijo del poder político notablemente corrupto.

 

Pero ¿que tan grave es la desigualdad en México? Según la Standardized World Income Inequality Database México está dentro del 25% de los países con mayores niveles de desigualdad en el mundo. Un dato nada halagador cuando hablamos de una de las 15 mayores economías del planeta. Sabemos que ha habido avances y retrocesos, pero a la fecha la desigualdad es mayor a la que había en los años ochenta.

También tenemos evidencia de que el ingreso per cápita ha crecido, pero se han estancado las tasas de pobreza en el país. Lo que significa que el crecimiento del ingreso se concentra en las capas de mayor ingreso de la sociedad y no derrama hacia las capas inferiores haciendo de la movilidad social un espejismo cada vez más lejano. Actualmente al 1% más rico de México le corresponde el 21% de los ingresos totales de la nación. Lo cual se agrava si consideramos datos del Global Wealth Report 2014 que señala que el 10% más rico de México concentra el 64.4% de toda la riqueza del país.

 

También sabemos que el fenómeno parece estarse estabilizando, ya que el número de multimillonarios en México no ha crecido mucho en los últimos años. Básicamente son 13[1]. Lo que sumado al crecimiento de sus riquezas muestra que la oligarquía se ha cerrado, impidiendo el ingreso de nuevos miembros pese al crecimiento escaso, pero constante de la economía nacional.

Esto ha ocasionado que para 2014 la riqueza de cuatro mexicanos represente el 9% del PIB.

Esta es a grosso modo la realidad imperante. Una realidad que se explica hasta cierto punto desde una perspectiva de políticas públicas erróneas, si asumimos que se busca el bienestar colectivo, tales como la falta de regulación o el exceso de privilegios fiscales, mediante los cuales esta élite ha capturado al Estado Mexicano.

Debemos reconocer también que la política social ha sido un rotundo fracaso. Orientada a la construcción de redes clientelares y a la contención de la pobreza extrema, según los indicadores impuestos internacionalmente, se ha olvidado que reducir la proporción de la población en pobreza moderada que debiera ser la prioridad al ser más costo-efectiva. Lo cual nos arroja a atender a la clase media, a ampliarla y a evitar a toda costa que esta población caiga en situación de pobreza. La existencia de una clase media amplia y la movilidad social por mérito efectivo es la mejor garantía que tenemos para la paz y el progreso de nuestro país.

Hoy estamos ciertos que el reto de la pobreza y la desigualdad ha superado las capacidades del gobierno mexicano a todos los niveles. Una clase política inmersa en una feroz lucha por el poder y un servicio público incompetente y corrupto son la fórmula para el desastre.

De ahí la importancia de que el resto de la sociedad se involucre en esta tarea por el bien de todos. Tanto para definir un plan de acción claro de largo plazo, como en la supervisión cercana de su implementación, por una sociedad civil técnicamente solvente que garantice la continuidad de las políticas públicas. Lo anterior habida cuenta de la disfuncionalidad del balance de poderes y la evidente debilidad institucional.

Empresas Lucrativas & Responsabilidad Social Corporativa


Pero, ¿qué podemos hacer razonablemente en el corto plazo? Debemos redefinir el estilo de hacer empresa en México. Requerimos que las empresas tradicionales con enfoque lucrativo rediseñen y revaloren sus esfuerzos de Responsabilidad Social Empresarial. Esfuerzos que desde empresas tradicionales aseguren su contribución efectiva al beneficio social, sumándose al esfuerzo gubernamental, disminuyendo la desigualdad de ingreso e incorporando en sus indicadores todos los aspectos que apunten a la ampliación del mercado interno y la mejora de la calidad de vida de todos los sectores, tanto al interior de sus organizaciones como con las comunidades con las que interactúan en su actividad empresarial.

Las empresas deben asumir una misión educativa a favor del bienestar de sus empleados, proveedores y clientes. Buscando que estos nuevos consumidores valoren los productos con atributos verdes, las garantías de equidad de género, la observancia de las leyes laborales, y la disminución de la brecha salarial entre directivos y empleados operativos, aunque haya implicaciones en el mayor costo de los productos, con la finalidad de elevar la calidad de vida y promover la práctica de una ciudadanía efectiva.

Empresas Sociales


Ahora también debemos promover un nuevo estilo de hacer empresa en México. Requerimos empresas con sentido social, cuya finalidad sea atenuar las distorsiones de la economía de mercado, que se diseñen a partir de tres elementos esenciales: la creación de valor social; la creación de valor económico; y la mejora del ingreso del nivel social más bajo.

No estamos proponiendo que la empresa abandone su naturaleza de creadora de riqueza, sino que se generen organizaciones concebidas para operar entre la dualidad del beneficio económico y el beneficio social.

La empresa social es en este sentido un concepto organizacional novedoso para la construcción de un Capitalismo incluyente (inclusivo) en sociedades democráticas con economías emergentes.

Tiempos de crisis son tiempos de creatividad. Y ahora es tiempo de que México asuma la responsabilidad de su propio bienestar, generemos las bases para un mercado interno fuerte, un salario suficiente para sostener una vida plena, y preservemos los valores nacionales como la familia que le han dado cohesión a nuestro país a pesar de todo.

 

NOTA


[1] Carlos Slim; German Larrea Mota Velasco; Alberto Bailleres González; María Asunción Aramburuzabala; Eva Gonda de Rivera; Juan Francisco Beckmann Vidal; Jerónimo Arango; Ricardo Salinas Pliego; Rufino Vigil González; Carlos Hank Rhon; Roberto Hernández Ramírez; Alfredo Harp Helu; David Peñaloza Alanís

 

Roberto Arriola
Roberto es actualmente Presidente de la Sociedad Mexicana de Estudios de Calidad de Vida, iniciativa pionera para favorecer el desarrollo humano. Ha asesorado a organizaciones, nacionales e internacionales, en materia de desarrollo económico y social. Licenciado por Universidad Iberoamericana en Ciencias Políticas y Administración Pública, con Maestría en Comunicación donde ha impartido la cátedra de negociación y políticas públicas, entre otras materias.