El ciclo de consumo de la Navidad | LandingMx

Tuesday, August 14, 2018

La Navidad, esa noche del año entre el 24 y el 25 de diciembre en la que oficialmente se celebra el nacimiento de Jesucristo y más del 30% de la población mundial en alrededor de unos 160 países se preparan durante todo el año para el periodo de fiesta que siempre acompaña esta celebración, es la fecha más importante de todo el calendario cristiano, seguida tan solo de la pascua o como la conocemos en México, Semana Santa.

Según una encuesta realizada por el sitio de estadísticas norteamericano Pewresearch.com 9 de cada 10 estadounidenses celebran la Navidad, y tan sólo el 46% la asocia con una festividad religiosa, otro 54% la celebra meramente como una tradición que permite la convivencia familiar y la expresión cultural que es tan característica del país vecino, en su mayoría este último porcentaje estaba conformado por miembros de la generación denominada milleniall.

Otra encuesta similar realizada en México por el sitio economíahoy.mx sondeó a 600 familias acerca de la asociación que le dan a la palabra Navidad:

  • 3% unión familiar
  • 9% fiesta
  • 6% felicidad y alegría
  • 1% el nacimiento de Jesús
  • 3% gastos
  • 7% adornos
  • 5% nostalgia o tristeza
  • 7% paz y amor
  • 1% comida

Aunque estas encuestas por sí solas no nos presentan un panorama general del significado de la Navidad para las personas, sí nos permiten poner en contexto el tema fundamental de esta nota.

Hace 14 años cuando estaba en mis 20’s, en mi entorno era un sacrilegio cuestionar los orígenes de la Navidad, o peor aún, de cualquier tradición o fecha religiosa a celebrar. Sin embargo, hoy en día no es un secreto que estos orígenes no son para nada cristianos. No me voy a meter en esos detalles ya que están al alcance de una simple búsqueda en este gran rompedor de mitos que es Google.

A estas alturas del Siglo XXI la cuestión ya no es si la Navidad es realmente cristiana, o más bien un montón de tradiciones de origen pagano mezcladas entre sí para crear una tradición que satisfaga los gustos de todos los que la celebran. De ahí que hasta en Japón, en su mayoría budista, la Navidad se celebra como una festividad que implica la tradición de intercambiar regalos y fomentar el consumismo de fin de año.

Dicho consumismo para nosotros es algo tan normal que ni nos cuestionamos por qué empezamos a ver los árboles de Navidad y los adornos en las principales tiendas al siguiente día que acaban las ofertas para Día de Muertos o Halloween.

consumo

 

He aquí el asunto. Sea la razón que sea por la que cada quien festeja la Navidad, los efectos de esta festividad se pueden palpar en todas partes, incluso meses después de haber terminado. Por ejemplo, según eleconomista.com.mx en México se comercializarán alrededor de 700,000 árboles de navidad naturales, que causarán una derrama de 350 millones de pesos, mismos que podrían acabar incinerados en las calles, o simplemente olvidados en las mismas hasta que los camiones de recolección los encuentren y lleven a centros de acopio, además de la exorbitante cantidad de basura que se generará después de la magia de intercambiar regalos.

Estos residuos en su mayor parte están conformados por envolturas de regalos, desechos de comida, adornos navideños, etc. lo cual aumenta los costos de recolección de basura y, sobre todo, la cantidad de toneladas que se envía a los vertederos en esta época que se eleva en un 30% en comparación con otras durante el año.

En su libro “Deseo Consumido” las autoras Evangelina Himitian y Soledad Vallejos, dos periodistas argentinas que pasaron un año entero sin consumir nada más que lo necesario para su subsistencia, describen un fenómeno que denominaron La teoría del niño sobrerregalado que plantea la idea de que en ocasiones los padres como una forma de compensar las horas que estamos fuera de casa trabajando, o porque simplemente creemos que la forma correcta de gratificar a un ser querido es mediante un obsequio, cedemos al impulso de  pensar que cubrimos una “necesidad” al dar un regalo.

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Abordan el tema de cómo los niños actualmente asumen como una deuda impostergable, por parte de toda la familia y amigos, los regalos de Navidad, cumpleaños, Día del Niño, Año Nuevo, etc., con los cuales a lo largo del año los infantes de clase media puede recibir entre 50 y 100 obsequios que no necesariamente atesorarán toda la vida.

En su blog deseoconsumido.com las mismas autoras hablan del trabajo de un economista de nombre Joel Waldfogel de la Universidad de Minnesota en Estados Unidos, quien explica cómo los regalos navideños no deseados se devalúan al momento de obsequiarlos: “¿Cuántos de nosotros recibimos cada Navidad regalos que no nos gustan y cuántos hacemos regalos sin ninguna certeza de que quien los reciba le vayan a gustar.”

El especialista menciona que el costo de este tipo de regalos, sólo en los Estados Unidos, es de unos 85.000 millones de dólares, cantidad impresionante pero lógica si se toma en cuenta el gasto promedio de un estadounidense en Navidad destinado a regalos, que según el sitio statista.com es de alrededor de 906 dólares para este año, lo cual representa, en pesos mexicanos, la gloriosa cantidad de aproximadamente 17 mil pesos.

Con estas cifras podemos comprender cuál es el alboroto. Como decía al principio, hoy en día ya nada es un secreto, sabemos que vivimos en una sociedad capitalista, completamente sumergida en el consumo, y éste es parte de nuestra vida, estemos conscientes o no. Sin embargo, ya no tenemos el privilegio de ignorar las consecuencias de este sistema de consumo.

No olvidemos que este sistema es el que provoca las condiciones de trabajo tan desiguales, casi esclavistas que imperan en los países manufactureros que las grandes empresas de juguetes (por mencionar tan sólo una industria) buscan para subir sus ganancias, bajando sus costos de producción, por cada producto que el mundo consume en estas fechas de forma febril.

Lo anterior nos remite a un artículo del sitio vice.com que nos dice:

        Los produccionistas (sic), como Donald Trump y muchos discípulos de Keynes (aunque no el propio Keynes), creen que la función fundamental de una economía es dar empleos a la gente y producir el nivel de actividad económica necesario para esos trabajos.

      Si eres produccionista, crees que la economía es un ciclo interminable de compra y venta, y que la meta de los economistas y políticos es mantener funcionando el ciclo para que emplee a suficiente gente. Los produccionistas de izquierda insisten en que los trabajadores deben tener salarios altos para comprar más cosas y seguir el ciclo; los productores de derecha insisten en que las empresas necesitan obtener ganancias para dar empleos y seguir el ciclo.

Y eso es precisamente lo que estamos haciendo, perpetuar el ciclo. Un ciclo que aunque sabemos que es injusto, estamos tan acostumbrados a que se nos convenza de que es lo normal y lo correcto, que se nos introduce en la mente a manera de festividades, tradiciones, y demás costumbres que como sociedad estamos “obligados” a considerar para ser parte de la misma.

En un artículo de Barbará Rivera publicado en Landingmx.org titulado “Minimalismo-Acerca de las cosas importantes” la autora nos habla del documental de Matt D´Avella. Bárbara nos dice: “Al dejar a un lado el deseo y la impulsividad de adquirir, se van reduciendo las deudas y hay más oportunidad de ahorro para lo esencial. Se recupera el tiempo para hacer lo que realmente se ama y se es más consciente de lo que hay alrededor.”

Ese es el punto de la reflexión que comparto con ustedes. Tal vez para romper el ciclo de consumo que tanto ha consumido a este planeta y a nuestra sociedad, debemos de reinventar las tradiciones, para reinventar nuestra sociedad.

Hablando de la Navidad, si es verdadero que en esta época lo más importante es, la paz para las personas de buena voluntad, dar en vez de recibir, la convivencia familiar, conmemorar una fecha importante para nuestro credo que nos hace sentirnos parte de algo superior; hagámoslo, pero hagámoslo por las razones correctas, por estrechar lazos familiares, fraternales y humanos que nos permitirán sentirnos bien con nuestra naturaleza humana siempre, no solo durante un día al año.

Dejemos todo lo demás a un lado, sobre todo los mitos y las mentiras, a nadie le hace bien perpetuar un engaño. Seamos capaces de romper el ciclo y festejemos lo que sea que sea importante para nosotros con la responsabilidad de que para lograr un mundo mejor (si eso es posible) debemos de empezar por deshacernos de lo que no sirve y buscar lo que podría ser mejor.

 


Referencias