Lo que fue la presidencia de Enrique Peña Nieto. Un ciclo de corrupción.

Monday, March 25, 2019
Opinión

Lo que fue la presidencia de Enrique Peña Nieto: un ciclo de corrupción.

>Jorge Maldonado Jorge Maldonado
diciembre 06, 2018

Los ciclos son una forma particular de contar el tiempo. Son periodos en los que vivimos experiencias que se conjuntan en torno a un factor común como lo pueden ser: algunas relaciones personales, periodos escolares, negocios, tragedias, trabajos, etc. Todos tienen un principio y un fin. En la mayoría de los casos, estos ciclos inician y terminan cuando nosotros así lo decidimos ya que, obedecen, en gran medida, a circunstancias que nosotros podemos controlar. Sin embargo, existen ciertos ciclos que no dependen enteramente de nosotros y que, de todas formas, debemos enfrentar.

El 30 de Noviembre del 2018 se cerró un ciclo que 133 millones de mexicanos sufrimos, a saber, el sexenio de Enrique Peña Nieto como presidente de México.

Y es que no es fácil afirmar que ha sido el peor sexenio en la historia reciente de nuestro país. Esto lo digo porque hay muchos competidores en la terna de los peores presidentes de nuestra joven nación. Desde Lopez Portillo, pasando por el mísmisimo señor de las  tinieblas, Carlos Salinas de Gortari, Fox y por supuesto Felipe Calderón. Pero nuestro último mandatario, sin duda, ocupa un lugar sobresaliente en esta categoría, se va con menos del 25% de la aprobación del pueblo hacia su mandato.

En cada cambio de sexenio se respira, por efímero que sea, un atisbo de esperanza, un deseo de que éste si sea el bueno. Durante las elecciones del 2012, la gente se había movilizado, ya no estaba tan resignada como sexenios atrás a dejar que el cambio de poder se diera entre fraudes y manipulaciones del proceso electoral sin que hubiera una reacción por parte de la población. La manifestación de desaprobación de una pequeña porción de la élite juvenil del país en aquel año, inició un movimiento completamente inesperado que llenó todo el proceso electoral de un aire de protesta,  aunque sin tintes revolucionarios, pondría  a Enrique Peña Nieto, flamante candidato del PRI en aquel entonces, en el primero de muchos predicamentos en materia de imagen pública y cuestionamiento directo que marcaría su paso por la posterior presidencia de México.

Insisto con el tema de la esperanza, porque gracias a ese “despertar” de la juventud privilegiada del país, el tema de la represión que sufrió la población de San Salvador Atenco a manos  de Enrique Peña Nieto mientras era goberador del Estado de México los días 2 y 3 de Mayo del 2006, revivía , 6 años  despúes, pero revivía. Y gracias a que ese sector de la población no suele ser reprimido e ignorado, las protestas cobraron relevancia y lograron sumar un buen porcentaje de la población a este movimiento que estaba en contra de que el PRI regresara a gobernar el país.

Se hicieron campañas por internet como nunca las habíamos visto, por primera vez se usaron las redes sociales tan cotidianas y tan propias de la juventud como medios de propaganda masiva. Se hicieron videos y películas como “Colosio – El asesinato” de Carlos Bolado, que al estrenarse un mes antes de las elecciones, buscaba desesperadamente inclinar la balanza contra el PRI. El propósito era hacer que el otro sector de la población que se encontraba incrédulo y cansado de la violencia por la guerra contra el narco, y de la inestabilidad política y económica del país, no se dejara convencer por los argumentos falsos de campaña de su candidato, quien para muchos, a pesar de todo representaba la mejor opción para solucionar los problemas de México. Querían regresar al viejo orden, duro pero “estable”.

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Sin embargo, nada pudo cambiar el destino que parecía ya estar escrito. Con la alineación de las fuerzas gobernantes que conforman la clase política y la mayor fuente de poder en el país, Peña Nieto llegó al poder  y fue nombrado presidente de México.  Poco o nada importaron las protestas y los esfuerzos de la población, todo se arregló para que el PRI regresara  a su lugar después de 12 años de “ausencia” con Peña Nieto a la cabeza. Entre enfrentamientos  afuera del Congreso de la Unión y detrás de un fuerte dispositivo de seguridad, en menos de 10 minutos, con prisa, sin presencia, sin personalidad, sin discursos elocuentes, sin conexión con la población y recibiendo halagos solo de sus pares partidistas, comenzó su ciclo como presidente del país. Ese ciclo que llevaría a México a uno de los periodos más negros en los últimos 30 años de su historia.

Hoy, después de seis largos años desde aquel entonces, me pregunto, ¿como piensa Enrique Peña Nieto que será recordado por la historia de este país? ¿Qué sucesos serán los que resuman su paso por la presidencia en los libros de historia que los niños del futuro leerán?

Por mi parte, pienso en él y pienso en su fallida respuesta durante su participación en la Feria del Libro de Guadalajara del 2011 cuando no pudo recordar 3 libros importantes en su vida, cuando se escondió en el baño de la Universidad Iberoamericana al inicio de ese movimiento que describía anteriormente. Cuando el periodista Jorge Ramos le preguntó en una entrevista en el 2012 por la muerte de su esposa Mónica Pretelini Sáenz acaecida en el 2007, y,  el entonces gobernador del Estado de México no supo responder alegando que lo había olvidado, aún cuando se trataba de la mujer con quien vivió por trece años.

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Pienso en su actual esposa, la actriz Angélica Rivera, dirigiéndose molesta hacia la sociedad, para explicar a través de un video, la adquisición de la propiedad que se conocería como la Casa Blanca. Tratando de engañar al público diciendo que la compra fue fruto de su trabajo como actriz en Televisa. No puedo olvidar las muchas portadas de las revistas Quién y Hola donde la familia presidencial presumía sus viajes por Europa y los vestidos con los que la Primera Dama y sus hijas competían en glamour con las princesas en las cumbres internacionales. Tampoco olvido a Javier Duarte y a todos los gobernadores del “nuevo PRI” como descaradamente se hacían llamar.

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Pienso además en la censura a Cármen Aristegui. En la continúa represión que sufrieron los que se atrevían a hablar mal del gobierno, en los más de 40 periodistas muertos y los más de 125,000 homicidios registrados durante su sexenio. En el gasolinazo del 2017, con su frase: “¿Qué hubieran hecho ustedes?”. Pienso en  los 43 de Ayotzinapa, sus padres y todos los desaparecidos durante su sexenio.

Pero sobre todo, pienso en los negocios al amparo del poder que este presidente procuró para un pequeño grupo de políticos y empresarios que algunos llaman la Mafia del Poder. Mi mente evoca las imágenes de  Enrique jugando el papel de tonto para convertir al estado mexicano en un facilitador de negocios para todos estos grupos de políticos y empresarios que lo único que buscan es enriquecerse gracias al presupuesto público.

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Lo anterior denota toda la frivolidad que marcó su sexenio. Una frase del periodista Arturo Rodriguez de la Revista Proceso resume perfectamente el ciclo de Peña Nieto: “Hemos sido testigos de la opulencia que insulta la desgracia de 60 millones de mexicanos en la pobreza”. Eso es lo que él, su familia y todos aquellos que se beneficiaron de la corrupción de la que fue participe representan, junto con todos aquellos a los que su influencia corrompió de forma descarada para volver a México un pozo de riquezas mal habidas y de despilfarros vergonzosos a expensas del sufrimiento y de las enormes carencias del pueblo mexicano.

Así que se cierra un ciclo y se abre otro. No sabemos lo que nos depare el futuro, pero sabemos lo que ya se escribió en el pasado, y si en algún momento de lucidez nuestro expresidente se pregunta por las noches si valió la pena todo lo hecho en estos 6 años de gobierno. Tengo la esperanza, por leve que sea, que su única compañía por el resto de su vida serán esos millones que tiene en alguna cuenta escondida en el mundo, gracias al fruto de su corrupción y su falta de carácter. Y que poco a poco, tanto él como su dinero, se diluyan en el espacio y el tiempo, que de ellos no quede nada, ni el recuerdo, por que ese es el precio que la gente sin principios, codiciosa y sin conciencia debe pagar en este mundo.

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