La teoría del fútbol y la cultura en México Pt.-2 | LandingMX

Saturday, August 18, 2018

Un día, sentado frente a la barra de cierto bar, un cineasta me explicó la teoría del fútbol del cine mexicano. En pocas palabras, me dijo que el cine nacional (y tal vez la cultura), sí puede acceder a instituir una escuela o corriente propias.

En esta segunda parte, exploraremos la conveniencia de la creación del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y posteriormente la Secretaría de Cultura y cuáles podrían ser los inconvenientes de que una institución gubernamental concentre los esfuerzos para promover, financiar y difundir la cultura mexicana.

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Al respecto de lo anterior, el escritor Hugo Lara (2006, www.correcamara.com.mx) nutre:

La creación del CONALCULTA suscitó encontradas opiniones. Por un lado, era indispensable la constitución de un organismo oficial, con un rango de importancia, que atendiera las demandas de la población en general, y de una comunidad artística e intelectual abundante y plural, en particular.

Sin lugar a dudas era valiosa la existencia de una institución que pudiera estimular y difundir el patrimonio cultural del país en todos los niveles. Sin embargo, por el otro lado, una entidad de tales proporciones podría monopolizar el espectro cultural, con el peligro de conducir unidireccionalmente el quehacer creativo y artístico en beneficio del régimen. De este modo, muchos artistas e intelectuales tenderían a institucionalizarse, mientras otro grupo, ya por disidencia o por carecer de la simpatía oficial, correría el riesgo de mantenerse muy al margen de las tareas culturales del país, al grado de quedar casi inmovilizados.[1]

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Hugo Lara

 

Pensando en que debería haber otras instituciones culturales, fuera de las que impulsa el estado, podemos pensar en algunas que se asemejan a los mundos del arte sobre los que reflexiona la artista Andrea Fraser, en su escrito del otoño de 2011 “Como en casa en ninguna parte” en el que define claramente los mundos del arte o campos sociales aplicados:


Existen los mundos del arte que giran en torno a las galerías de arte comerciales, las ferias de arte y las subastas; los mundos del arte que se mueven alrededor de exposiciones y proyectos comisariados en entidades públicas y con fines no lucrativos; los mundos del arte que giran en torno a las instituciones y discursos académicos; y están los mundos del arte de carácter comunitario, activista y autogestionado, que aspiran a existir al margen de todos esos centros organizados de actividad y, en algunos casos, incluso fuera del propio mundo del arte”.

Sobre la contraparte (los usuarios de dichos mundos del arte) ella encuentra a los que siguen:

…están los que se sienten a gusto con riquezas y privilegios, para quienes el arte es un negocio de lujo o una oportunidad de inversión y acaso poco más, así como aquellos que ven el arte como un terreno puramente estético en el que lo político y lo económico no deben jugar ningún papel. Y luego están quienes ven el arte como un activismo social y no quieren saber nada de galerías comerciales y ferias de arte, inauguraciones de postín, galas y museos de financiación privada.

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Andrea Fraser

 

Apliquémoslo pues a modo de analogía: existen las instituciones culturales promovidas por el estado, que continúa ligado al nacimiento progresista y liberal de esta nueva nación; las que atienden de forma concentrada hacia las actividades culturales que impulsarán la economía naranja[2] ; y aquellas que buscan la estética por la estética, el discurso por su forma y contenido, en búsqueda de la más brutal congruencia y que se alejan de los cánones evolutivos que no reflejan los intereses de aquellos que representan al grueso de la población en las salas de cabildeo y votación.

De ahí que los directorios nacionales de instituciones, centros y actores culturales sean conformados con tan poco interés. Tal vez ahora que la economía naranja está en boga, el INEGI pudiera incluir indicadores nacionales pertinentes que puedan medir los avances en materia de difusión e impulso cultural que el sistema político mexicano prometía desde los 40.

Estamos listos para buscar los modelos críticos pertinentes que evidencien las verdaderas rutas de dirección de la Institución Cultural Mexicana. En tiempos del nacimiento de una nueva Ley de Cultura, es hora de abrir las constituciones estatales, los decretos de cultura, las políticas locales en materia de cultura, y los lineamientos que se proponen día a día todo lo anterior por regresar al camino del autorreconocimiento dentro de una historia y sociedad, colorida.

Sí, pues, colorida, llena de sabores, pero que no ha sido defendida desde su significación y premisa de existencia más básica: así como es imposible no comunicar, también es imposible detener la manifestación cultural plena que le es inherente al ser humano.

 

Referencias

[1] http://www.correcamara.com.mx/inicio/int.php?mod=historia_detalle&id_historia=85

[2] http://www.iadb.org/es/noticias/anuncios/2013-10-30/la-economia-naranja-una-oportunidad-infinita,10622.html