¡Viva México! - Las fiestas patrias y el orgullo nacional | LandingMX

Wednesday, November 14, 2018
Historia, Sociedad

¡Viva México!… Las fiestas patrias y el orgullo nacional

>Roxana Álvarez Roxana Álvarez
septiembre 15, 2017

Estamos en pleno mes patrio, ese momento del año en el que recordamos a los hombres y mujeres que nos dieron patria y libertad. El mes en que se llena de luces la plancha del Centro Histórico de la ciudad de México y hacen lo propio los palacios, plazas y oficinas de gobierno al interior de la República. Hay verbena, música, fuegos artificiales y los colores verde, blanco y rojo se hacen presentes por doquier a lo largo y ancho del territorio, y allende las fronteras, todos los mexicanos nos unimos en una sola voz: ¡Viva México!

Se trata del aniversario de nuestra vida como nación independiente. La data de esa “herida de muerte” que le propició el cura Miguel Hidalgo a la Nueva España en Dolores.

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Pero seamos honestos, ¿se trata de patriotismo o de mero festejo?; más aún, verdaderamente tiene un significado o se ha vuelto tan solo una costumbre, un pretexto que nos permite salir temprano de nuestros trabajos y obtener un día de asueto. ¿Todos los mexicanos verdaderamente nos sentimos orgullosos? Y si es así, ¿qué es lo que causa tal sentimiento?

Sin duda estoy tocando terreno escabroso, pero en medio de inundaciones y sismos en los que surge solidaridad es donde acaso podamos encontrar algún resquicio de orgullo nacional. Todos hemos de haber visto la imagen del lábaro patrio ondeando en medio de la tragedia. Un mexicano alzó la bandera en señal de lucha, muestra de la valerosidad de un pueblo, raza e identidad que compartimos y que nos hace hermanarnos en medio de la desgracia.

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Como siempre he dicho, la historia es nuestra memoria y para comprendernos es preciso conocernos, así que hagamos nuestro ya recurrente viaje al pasado.

Vayamos a la mañana del 16 de septiembre de 1810 en la que Miguel Hidalgo elevó un grito muy distinto al que se evoca continuamente, entonces, el celoso párroco de Dolores gritó: “Hijos míos, ayúdenme a salvar la patria pues quieren entregarla a los franceses. Se acabó la opresión, se acabaron los tributos”.

Luego de esto, ofreció un peso por día a quien lo siguiera a caballo y un tostón a los que fueran a pie. En este momento muchos pensarán en aquel ¡viva Fernando VII!, o en el ¡viva la independencia! Debo decirles que ninguno de los dos salió de la boca del cura. Entonces, pensarán, ¿cómo es que hemos vivido equivocados respecto a este momento fundacional? La respuesta es tan simple como compleja. Las versiones se fueron alterando y adecuado a las necesidades de la nueva nación. ¿Qué necesidades? se preguntarán, pues las de construir una identidad y forjar patriotismo.

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En una sociedad secular, donde las celebraciones religiosas ya no son el gran elemento de cohesión e identidad se requiere de la aparición de fiestas cívicas. Hitos que nos expliquen como sociedad, cultura y nación. Tal y como Juan Antonio Ortega y Medina dijo, el objeto de la historia es el de formar espíritu y desarrollar patriotismo, y así como la historia es necesaria las conmemoraciones se vuelven inevitables.

Lo que debe decidirse es a quién y qué celebrar. Entonces llega ese momento en el que se construye el gran cuadro de la historia nacional de bronce, ese con héroes y villanos, con triunfos y fracasos. Aquí aparece el cura Hidalgo como padre de la patria. A él se sumarán Allende, Morelos, Matamoros, Josefa Ortiz de Domínguez, Vicente Guerrero y un enorme listado de nombres.

 Pero no se agrega el de Agustín de Iturbide, el consumador de la Independencia; sin embargo, alguna vez tan presente estuvo que su nombre fue grabado en letras de oro en la sede del Congreso, el himno nacional le dedicó una estrofa y el gobierno posrevolucionario celebró el Centenario en 1921. ¿Cómo explicar esto?

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Lo cierto es que el patriotismo bien conducido puede generar grandes beneficios. Cada gobierno o administración en el poder se preocupa y ocupa, por dotar de identidad su propia gestión y entonces se recurre al cementerio patrio. Allí hay un sinnúmero de recursos. Unos van y otros vienen.

El calendario cívico se altera con cada administración. Fue por esa historia patria emanada de los gobiernos liberales del siglo XIX que no celebramos el 27 de septiembre la entrada triunfal del Ejercito Trigarante a la ciudad de México. Tampoco recordamos ya el 2 de abril, fecha de la heroica batalla durante de la Segunda Intervención francesa en la que el general Porfirio Díaz se coronó con la victoria. Incluso hemos mantenido el cambio de fecha que hacía coincidir el natalicio del General Díaz con el grito en Dolores.

Más aún, un decreto presidencial fue el que hizo de Vicente Guerrero el consumador de la Independencia; como es de verse, la historia también se sanciona. Y no sólo eso, la historia se inventa, se transforma, se altera y se utiliza. Como memoria que es, los recuerdos no son otra cosa que construcciones; pequeños fragmentos, instantes que llegan de repente y son tan nítidos que los damos por ciertos.

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El pensador, Friedrich Nietzsche, dijo alguna vez que el exceso de historia es perjudicial para el ser vivo. No pretendo desdecirlo ni debatir el punto, pero no comparto la opinión. Acaso sea más correcto decir que el exceso de invención en la historia resulta perjudicial para toda sociedad. Por muchas razones, la nuestra ha padecido de este mal.

Primero al intentar olvidar nuestro pasado virreinal, esos tres siglos en que fuimos parte de una Monarquía de escala planetaria; luego quisimos hallar nuestra herencia en el pasado prehispánico, tiempo de las grandes civilizaciones originarias, pero todos los días somos cómplices y participes de la discriminación; después nos avocamos a eliminar de la memoria a los imperios, pues estos atentaban contra el propio grito en Dolores, y entonces satanizamos a Iturbide y a Maximiliano de Habsburgo.

Después la Revolución se encargó de Porfirio Díaz, quien por cierto en aquella famosa entrevista concedida a James Creelman dijo: puedo dejar la presidencia de México sin remordimiento, pero lo que no puedo hacer es dejar de servir a este país mientras viva.

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Volvamos entonces a nuestra pregunta inicial, ¿qué significan las fiestas patrias y qué nos causa orgullo nacional? Sin duda la historia está plagada de ejemplos claros; hombres y mujeres de carne y hueso que dieron su vida por una causa común y mayor: la patria.

El patriotismo, ese sentimiento que vincula al individuo con su tierra: su patria, es producto de la memoria y la capacidad de la historia para generar arraigo e identidad. Nos sentimos mexicanos por una cultura que compartimos, un pasado que nos hace únicos y nos define.

Somos producto del mestizaje, herederos de culturas ancestrales, hijos de soldados que combatieron a enemigos extranjeros, parientes de hombres y mujeres que alzaron la voz para reclamar y hacer válidos sus derechos, hermanos de aquellos que creyeron en la justicia, la libertad, el progreso y la igualdad.

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Empero, el grito en Dolores fue más que un llamado a la emancipación de la nación, fue un llamado a terminar y combatir la desigualdad. Lo mismo ocurrió con la Revolución. Detrás de la democracia había un anhelo por reducir esa brecha que separaba a los muy ricos de los muy pobres.

Pero hemos pasado ya los festejos del Bicentenario y el Centenario del 2010 y la desigualdad es una batalla que seguimos perdiendo todos los días. ¿Qué es el orgullo mexicano?, cada uno de nosotros tendrá una respuesta distinta, ojalá algunos se animen a compartir su sentir en esta plataforma.

En lo personal no me siento orgullosa, me siento deudora con esos héroes que nos dieron patria y libertad, me creo obligada a contribuir con mi país, ¿cómo?, con pequeñas acciones y desde mi trinchera que es la de intentar compartir nuestra memoria y con ello lograr mayor conciencia de esos grandes problemas que no responden al pasado sino a nuestro presente.

Al igual que todos deseo un mejor futuro, pero me queda claro que si no levantamos la voz y nos ponemos en acción, el mes patrio seguirá siendo un mero festejo y no un momento de reflexión que nos invite a ser mejores, a ser patriotas en el día y día para así rendir verdadero tributo a quienes derramaron su sangre para que tuviéramos patria y libertad. Demostremos a nuestros antepasados que sus actos heroicos no fueron en vano y valieron la pena. Salvemos la patria y no dejemos de servir a nuestro país mientras tengamos vida.

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