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Thursday, January 17, 2019
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México y Estados Unidos. Vecinos siempre, amigos jamás.

>Roberto Arriola Roberto Arriola
enero 02, 2019

Érase una vez dos países vecinos en la América del Norte: México y Estados Unidos. Países que comparten una historia complicada de enfrentamiento y colaboración, de abuso y beneficio. Una relación variable en su contenido; sin embargo, definitiva por su geografía. Como dice esa frase sobre nuestros países, cuyo autor ya no recuerdo:

Vecinos siempre; Aliados a veces; Amigos jamás.

Bueno, pues pasada la “Luna de Miel” de rigurosa cortesía diplomática, el maltrato continúa. El presidente de Estados Unidos ha retomado a México como destinatario de su discurso de odio, en la búsqueda de mantener la simpatía de su base electoral integrada fundamentalmente por Rednecks (personas blancas consideradas burdas y poco sofisticadas) y WASPs (personas blancas, anglosajonas y protestantes), articuladas en torno a un nacionalismo trasnochado.

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¿Que decir del presidente Trump? Sin duda alguna, un gran comunicador y mercader de la política, que ha sabido encontrar en la compleja sociedad estadounidense las simpatías necesarias para asumir el mando de la aún única superpotencia global de este mundo multipolar. Y henos aquí, jugando el papel protagónico del clásico juego: “Pégale al negro”, a merced de este “Mirrey” Gringo.

El término “Mirrey”, acuñado por el analista Ricardo Raphael, se refiere a aquellos que, entre otros rasgos, ingresan a la élite por herencia; son de naturaleza mesiánica y gustan de la ostentación para desmarcarse socialmente.

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Y acá en México la Cuarta Transformación no termina de arrancar. Los que no se han hecho esperar son: los desaciertos, los desbalances y los desencuentros del aún nuevo presidente de México. Una sociedad fracturada por la inaceptable desigualdad entre ricos y pobres, entre el Norte y el Sur, amenazada por la inseguridad pública, carcomida por la corrupción y la impunidad, con un sistema de partidos colapsado, y polarizada profundamente por un discurso de odio que no aporta en la definición de una visión de destino común para el país.

¿Qué decir del presidente López Obrador? Sin duda alguna un gran comunicador que, mediante la descalificación y un discurso mesiánico de odio, ha sabido encontrar en la desesperanza la adhesión religiosa de los más pobres; y en la desesperación de la incipiente clase media, su oportunidad histórica, frente a alternativas partidistas que implotaron y se colapsaron sobre sí mismas.

¿Y ahora qué podemos esperar frente a dos personajes que se asemejan tanto en su destino como se contrastan en su origen?

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El presidente López Obrador debe, abrevando en su conocimiento histórico, fortalecer con hechos las alianzas de México con los países que emergen como líderes del nuevo orden mundial multipolar; contrapesando así, el dominio de Estados Unidos y la vulnerabilidad de nuestro país en materia de seguridad exterior. Y, en los dichos, terreno en el que nuestro presidente seguramente se siente más cómodo, endurecer el discurso frente al abusivo vecino.

Finalmente, y en perspectiva, será, aquí como allá, un poco de circo para el pueblo bueno, que, a falta de bienestar material, agradecerá un poco de dignidad a cuenta de su salario emocional.

 

Roberto Arriola
Roberto es actualmente Presidente de la Sociedad Mexicana de Estudios de Calidad de Vida, iniciativa pionera para favorecer el desarrollo humano. Ha asesorado a organizaciones, nacionales e internacionales, en materia de desarrollo económico y social. Licenciado por Universidad Iberoamericana en Ciencias Políticas y Administración Pública, con Maestría en Comunicación donde ha impartido la cátedra de negociación y políticas públicas, entre otras materias.