Los Sincretores presentan "Vida, ¿qué es vida?" | LandingMX

Wednesday, November 14, 2018

Vida, ¿qué es vida? Dicen que la vida empieza desde el primer respiro, y que cuando se es aún un niño, no se conoce nada acerca de ésta. Aún lo veo claro como el agua cristalina, mis pequeños pies comenzaban a dar sus primeros pasos por este camino, mientras las heridas empezaban a marcarse en ellos. Los recuerdos siguen llegando y me veo a mi corta edad de 5 años.

Siempre creí que era fuerte aguantando los golpes como un saco de boxeo, dejando de soñar para cumplir sus deseos, fui tan incrédulo, pero, ¿qué se podía esperar? Temía estar solo, me encantaba calificarme como un estúpido, burro, inepto, asno, imbécil, a decir verdad, era como mi pan de cada día, pero no quería frenarlo, sólo intentaba comprenderlo… ¡ja!

Un chico difícil, tímido y torpe, tan impulsivo que no había nadie que lo soportara. Desde pequeño trataba de acatar cada una de las órdenes de mi padre. El poder que tenía sobre mí me atemorizaba tanto, que nunca me dejó disfrutar de lo que llaman “infancia”. Infancia perdida y vacía, le llamaría a esa etapa mía, donde la felicidad era considerada un lujo y sonreír un capricho. A mi hermana le debo todo de mí, y mi hermano, mi hermano aquel que se veía tan débil, fue el que terminó enseñándome lo que era la fuerza.

Madre mía, ni siquiera recuerdo lo que me decías, quien diría que habría un día en el que te recordaría como a una desconocida. -Ten paciencia- oigo su voz en mi mente, paciencia fue lo que siempre tuve, después de todo, qué más podía hacer a la edad de 7 años, cosiendo mis heridas, callado por el miedo de perder lo que más quiero, regularmente me cuestionaba, tenía tanto de lo que dudaba, algo malo tuve que haber hecho, quizá yo no servía.

Recapitulando en mi pasado, recuerdo estar atemorizado por la presencia de mi padre conmigo dentro de un elevador, mientras me reprendió por lo que yo ahora considero insignificante, se enojó tanto esa ocasión que terminó arrastrándome fuera del elevador. No paraba aún estando afuera, fue hasta que la gente empezó a aparecer cuando se detuvo, y como si no hubiera pasado nada, me soltó. Después de todo no podía manchar su imagen de héroe, hipócrita lo consideré desde ese momento.

Pensar me dolía, pero a pesar de eso lo hacía, y entre eso que solía dolerme pensaba en por qué mi madre nunca hacía nada al respecto. Sus engañosos abrazos me satisfacían, al menos para aliviar el dolor de mi mente. Mis ojos jamás lloraron, eran un espejo en el que se reflejaban cosas que jamás quise ver. A pesar del apoyo de mi hermana, me sentía en una jaula viendo las cosas pasar, solo detrás de unos fríos barrotes de hierro, donde sólo convivo con mis ideas. Es gracioso, mirando hacia atrás, siempre estuve solo, escondido en mi realidad, quizás ahora también lo esté.

Al parecer cuando mi padre se ausentaba, yo estaba obligado a ser el llamado “Hombre de la Casa”. Odiaba ese rol, ni sabía en qué consistía, y cómo iba a saberlo si la única referencia que tenía era la de mi padre, un hombre bastante mediocre como para tomarlo de ejemplo. Las cosas no iban bien, mi actitud jamás me dejo ver la luz, pero nadie dijo que la vida fuera fácil, la soledad me hizo darme cuenta lo egoísta que era mi padre, al seguir a pesar de ver mis lágrimas caer, pero lo sabía, tenía que aguantar esa carga solo yo y nadie más, a pesar del apoyo de mi hermana.

Caminaba sobre cristales rotos, asesinando gritos, moviéndome por la inmundicia, sus garras rasgaron mi confianza, pero seguía aferrándome por el miedo de quedar por siempre solo. El Siempre resulta ser una palabra inexistente, pues podría detenerse en un abrir y cerrar de ojos. Constantemente pensé que viviría de una manera en la que permanentemente sería considerado una minucia. Me introducía en mi propia soledad, al fin a nadie le importaba, hasta que entendí que no era por ceguera, sino que mi fantasía no era de admirar.

A través del espejo lo veía , su silueta me observaba, proyectando todo lo que yo deseaba, acompañado de mi gente más querida, todo era tan bonito, veía todos mis deseos cumplidos, quería ir a ese mundo, me veía sonriendo mientras de este lado, estaba encadenado, podía ver una persona sonriente y optimista mientras en esta realidad caí en un hoyo oscuro del que no puedo salir, dame una pista, maldita sea, verte sonreír sin problema es humillante, me siento impotente, imaginaba despertar en ese mundo, se que no hay cielo ni edén y solo me arrastraba intentando respirar para salir del agujero en busca de las personas denominadas amigos.

No saber qué es lo que sientes es desesperante, no poder sacar el fuego que me quema  es abrumador, pero más abrumador saber que al sacarlo terminarás dañando a todos los que te importan, eso es lo que más me aterraba, pero a pesar de todo, quería ser escuchado, que vieran que no estaba bien, esta era mi maldición, aquella que me enseñó qué era la libertad dentro de una prisión, no somos lo que vemos sino lo que queremos ver.

Aquí fue cuando me di cuenta de que la vida era una prueba y los obstáculos fugaces como un centinela, vivir, más bien lo llamaría morir poco a poco, no soy quien anhelo ser, pero la vida me enseñó a ser así, al principio las heridas sangraban hasta que se formaron unas costras en el exterior como un recuerdo de un pasado que jamás podré olvidar.


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