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Wednesday, April 02, 2025

Este 11 de junio en Honduras se celebra el “día del estudiante”; una tradicional actividad diseñada para la observancia de la importancia que reviste la formación de recursos humanos para el desarrollo y realización de diversas faenas, técnicas, sociales, científicas, en pro del desarrollo de la nación.

La misma se instituyó mediante acuerdo de gobierno del 28 de mayo de 1922, para rememorar el nacimiento -el 11 de junio de 1797- del sacerdote José Trinidad Reyes, impulsor de la educación superior en esta nación centroamericana, al gestar “La Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto”. Esta se convertiría tiempo después en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

En esta institución educativa existe actualmente el Programa de Atención Socioeconómica y Estímulos Educativos (PASAE), -adscrita a la Vicerrectoría de Orientación y Asuntos Estudiantes (VOAE)-, como una instancia encargada de apoyar con becas y provocar el “gusto” por el estudio de aquellos educandos que provienen de zonas postergadas y marginadas del país.

En un principio, creo que esta festividad debe servir como punto de encuentro para analizar cuál es la situación actual del sistema educativo nacional y como insertarnos de manera efectiva en una verdadera sociedad del conocimiento global que privilegia el emprendedurismo, la potenciación de la creatividad que conduzca a la innovación en la manera de resolver problemas reales y que aquejan a la sociedad.

Pienso que parte del estímulo real para potenciar habilidades y actitudes del estudiantado pasa por el diseño de una adecuada infraestructura educativa que privilegie la dotación de modernas tecnologías de la comunicación, pero que además que impulse al alumno a apropiarse de un verdadero pensamiento crítico que les permita contribuir a moldear la realidad.

No obstante, para lograr lo anterior es necesario dejar a un lado una instrucción educativa memorística y mecánica a una actividad de enseñanza-aprendizaje proactiva, participativa, investigativa, en la cual haya complementariedad y búsqueda sistemática de la complementariedad entre teoría y práctica; es decir, potenciar y fraternizar las relaciones entre instituciones educativas y empresas del sector público-privado a fin de abrir los cerrojos que muchas veces encuentran los profesionistas que egresan del sistema educativo. Se trata entonces de crear confianza y cercanía, -como una especie de socios-, en las relaciones educativas, públicas y empresariales.

Por otra parte, para lograr estos cometidos sin lugar a dudas debe haber reformas profundas al aparato educativo, en tanto se entiende que lo educación debe ser un proceso continuo, innovador y globalizado. En el mismo debe primar el derecho de la ciudadanía-en términos globales- a una actividad escolar sin sesgos ideológicos y apartidistas en donde prime la formación de personas con altos estándares éticos, inspiradores e innovadores; mismos que solo pueden ser alcanzados mediante el uso y auxilio de herramientas técnicas y humanas como: plataformas digitales, manuales glocalizadores de estudio, el talento, la tolerancia, y la colaboración participativa, entre otras.

En mi opinión y para universalizar este derecho humano tan básico y esencial debe intervenirse y prestarle más atención a aquellos sectores poblacionales situados en zonas inhóspitas debido a la crudeza situacional en la que se ven impelidos a razón de la falta de vías de comunicación y medios de transporte que les permita reposicionalizarse en el seno de la vida social.

En definitiva, la educación en todos sus niveles y con todos sus actores es una poderosa y estratégica herramienta para potenciar el cambio social, con equidad, tendiente a promover la el desarrollo humano y posibilitar la justicia social. En este escenario, los estudiantes deben ser actores activos y propositivos del debate en el espacio público a fin de crear las condiciones de exigencia que permitan la dinámica transición de antiguos esquemas y escenarios de estudio, a modernos y vanguardistas centros de aprendizaje.

Posdata: Cabe señalar que la celebración del día del estudiante se desarrolla a nivel internacional, según los calendarios nacionales de actividades cívicas. Vale recordar que en países como México por ejemplo, la celebración a los estudiantes se realiza el 23 de mayo. El mismo tiene su origen en los eventos de brutal represión acaecidos en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1929, cuando los estudiantes exigían la autonomía. Luego de esta serie de sucesos, el 23 de mayo de 1930 fue proclamado oficialmente el día del estudiante.