Acaso mis miedos estaban jugándome una mala pasada, acaso aquel lúgubre umbral era el presagio de lo que vendría a continuación. Tenía muchas interrogantes y un frío interno que calaba mis huesos. Me armé de valor, respiré profundamente y con firmeza di un paso hacia adelante. No me caracterizaba precisamente por mis acertadas decisiones, es más siempre dejé al destino que hiciera su parte, vaya, era como aquellos rehiletes que juegan en compás del viento.
De pronto, me encontraba disperso en lo alto como si mirara un mosaico, cuyas piezas formaban lo que había sido mi vida en estos últimos tres meses y lo que mi mente había guardado para no ser olvidado jamás…
Mi amado portaplanos, había sido un regalo especial de mi madre, pero, ¿qué realmente guardaba su interior?, a ciencia cierta, lo ignoraba. Sentí mucha curiosidad por abrirlo, lo tomé en mis manos y de pronto vi que aquella mujer de cabello corto era mi dulce esposa, ¿cómo no pude reconocerla antes? Ahora era una certeza. Ella amaba el diseño, dibujar era lo suyo. El tatuaje que llevaba en su brazo representaba la libertad de su espíritu, se lo hizo poco después de terminar la preparatoria.
Ahora la veía con un semblante diferente, pero ¿cómo?, ¿qué hacía, se despedía de mí?, empezó a correr por un campo lleno de girasoles, amaba aquellas flores eran sus favoritas, decía ella que danzaban en torno al sol. Sentí un vacío en lo más profundo de mi ser, ella era la mujer perfecta, un sueño, un regalo divino, siento mucho pesar el no haber podido dedicarle más de mi tiempo, me enfocaba tanto en mi trabajo que simplemente la dejé para luego.
Volteé mi cabeza y tomé rápidamente mi portaplanos, por alguna razón permanecía junto a mí, me encontraba muy nervioso: se trataba de un lienzo que comencé a desenrollar…
Era el retrato que había quedado grabado de mi risueña hija, mi más preciado tesoro, de pronto empecé a llorar como un niño, la sensación de soledad se hacía presente.
Las ansias de volver a escuchar a Anna, mi hija, habían llevado a que mi mente imaginara a Runa; la pequeña niñita de la Amazonia, aquel lugar fue parte de uno de aquellos viajes que hiciéramos varios años atrás.
Sacudí mi cabeza y escuché decir de sus dulces labios te amo papá, comprendí que aquel extraño dialecto que había escuchado inicialmente era su forma de despedirse de mí. De pronto vi correr a Anna por aquel sembrío de girasoles, sin embargo, yo no podía moverme estaba estático viendo partir a mi familia.
Pero que sucedía, huíamos de nuestros captores y en un abrir y cerrar de ojos miré estallar el parabrisas de mi auto a las 12.14 pm; mientras escuchaba de fondo la canción favorita de mi madre escuché los gritos de pánico de Anna y mi esposa. Todo fue silencio y no supe más de ellas.
Una sensación de desesperación invadió mi cuerpo, sentí como cuando las olas te arrastran sin que puedas luchar contra ellas. Había sentido mi vida sin la compañía de mis más grandes tesoros, la soledad de mi casa sin que pudiera estar nuevamente con la alegría que irradiaban mis amores.
De pronto, una caricia llena de ternura se deslizó sobre mi mejilla, era mi madre que exclamaba con asombro y emoción ¡despierta, por favor despierta!, sus lágrimas cayeron sobre mi pecho y abrí mis ojos lentamente, como dudando si quisiera en verdad hacerlo; quedarme y correr tras ellas o volver y enfrentarme a su ausencia. Me redimí, y aunque esta vez no sabía de qué forma, en qué tiempo ni espacio, empezaría mi camino hacia lo que sería mi segunda oportunidad de vida justo cuando el reloj marcaba las 10:30 am.
La parte 1 del Ejercicio literario a 9 plumas la puedes leer aquí.
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Ecuatoriana, nacida en la ciudad de Quito; primera ciudad declarada como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Estudió Administración de Empresas y es Máster en Auditoría y Finanzas. En la actualidad se desempeña como Gerente a cargo del área de Precios de Transferencia en PwC Ecuador. Ha participado en varios cursos de capacitación y formación Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Estados Unidos en temas relacionados a finanzas y tributación.
En complemento a su carrera se certificó como Máster Practioner en Programación Neurolingüística y realizó una especialización como NLP Coach.
Gusta de trotar y meditar como parte de su crecimiento personal.