Hace tiempo cayó una estrella, o eso pensé, inundó con su luz la campiña y alzó olas de tierra, levantó montañas, valles y muros donde mezcló las eras con pinceladas equívocas.
He pensado mucho en ella y en donde puede yacer, ¿en el abismo que se atisba desde la cima de su morada?, me imagino que se cansó de flotar en lo inconmensurable y cansada nos abordó.
Pienso también en los árboles que han crecido desde entonces allá arriba, que crecen bajo dos fuerzas distintas, las raíces se introducen más y más en la tierra mientras el espacio los estira hasta donde sus herencias lo permiten. Así, quizá, la estrella también ha echado raíces en la tierra, pero el universo la sigue llamando.
Quizá por ello me gusta subir en noches como esta, el bosque de la cima se enciende y la savia brilla con la luz de las estrellas, ¿o son las estrellas árboles que se prenden de la tierra del universo? Veo como el mundo se incendia allá arriba y brilla con la fuerza de un sol que me consume, invariablemente me pierdo en la luz y caigo como cayó la estrella por el abismo de la estrella, hacia el centro de la tierra o quizá hacia el centro del universo, por que en esta cima no hay arriba ni abajo, el bosque es una foresta llena de estrellas y el cielo es un campo lleno árboles que brillan con furia y paz, con todo en la nada.
Alcanzó la estrella justo cuando me enciendo por la caída, me vuelvo luz, me desprendo de mí, me fragmento y evaporizo y en el último momento, cuando pienso que por fin regresaré al universo, con la plena consciencia del todo, la cual la envidiosa muerte no permite, justo en ese momento me levanto en el suelo de mi cuarto, empapado de sudor a pesar de que mi país es frío, la noche es fría y mi cuarto también, me despabilo y lentamente observo la fotografía que tengo enmarcada en mi mesa de noche, donde los árboles brillan como luciérnagas, y pienso en las raíces que avanzan hacia la estrellas del centro de la tierra y el follaje que sube hacia la eternidad.
Me prometo que el próximo año iniciaré, de nuevo, la ascensión hacia los inmensos campos de fuego.

Roberto es pintor y dibujante, tiene una identidad secreta como diseñador gráfico. Su sueño; que algún día una editorial publique un libro con sus cuentos. No le gustan las narraciones tiernas, panfletarias, sencillas, abiertamente dramáticas o simplemente rebeldes.