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Ciencia, Esencial, Sociedad

Sobrepeso y obesidad en México – Etiquetado de alimentos

>Beatriz Díaz Beatriz Díaz
julio 26, 2017

¡No le temas al etiquetado de alimentos empaquetados! Cómo entender el nuevo etiquetado frontal nutrimental

 

Si alguna vez has prestado atención a los ingredientes de los productos empacados, seguramente observaste que parecían una serie de trabalenguas y te dieron ganas de aplicar la idea de “no comer lo que no pueda leer”. Sin embargo, esta simple regla deja de lado que a cada componente de los alimentos se le puede asignar una nomenclatura química.

Aunado a esta complicación lectora, podemos encontrar un poco de quimiofobia, la cual consiste en temer aquello que sea un ‘compuesto sintético o artificial’, de naturaleza química y con nomenclatura química. Como ejemplo, puedo mencionar el caso del ácido hídrico, conocido también como DHMO, por su nombre en inglés, o como el refrigerante número R718. Su uso en exceso puede llevar a la muerte y en dosis menores pueden afectarte tanto la forma sólida, líquida como sus vapores. Está presente en todos los países y procesos industrializados, incluso se ha encontrado en grandes cantidades en los ríos, por lo tanto, se distribuye en los campos de cultivo, las frutas, verduras y los animales que comemos. Lo peor es que desde el nacimiento todos lo tenemos en grandes cantidades (Aprox. 60% del peso corporal), ¿sabes de qué se trata?: simplemente, agua.

Bajo esta lógica Klass Wynne decidió crear un cartel con los componentes de una manzana (todo en nomenclatura química), adaptado al español por Mauricio-José Schwarz[1], para observar todos los químicos que consumimos en un producto ‘natural’. De manera similar, James Kennedy tiene la descripción de una serie de alimentos, que incluso puedes comprar en un poster o en una playera[2] y una sección muy interesante sobre la quimiofobia, desde sus orígenes hasta la psicología que cree que hay detrás[3]. Hasta la BBC tiene una nota al respecto, que aborda los riesgos de temer a los productos químicos[4].

etiquetado de alimentos

 

De esta manera, cuando preferimos ignorar un etiquetado que sólo enlista químicamente los componentes de nuestros alimentos, no obtenemos la mejor información para poder guiar nuestro consumo. Como una de las medidas propuestas por el Fondo Internacional de Investigación Mundial sobre Cancer, dentro del marco NOURISHING, está el reglamento del etiquetado nutricional[5]. Por ello, desde 2015 en México, los alimentos y bebidas alcohólicas preenvasados tienen la obligación de cumplir con la norma mexicana NOM-051-SCFI/SSA1-2010[6], con la finalidad de informar la cantidad de los nutrimentos que proporciona y cuánta energía aportan (calorías), de una manera más amigable.

Los compuestos considerados en esta norma son: grasa saturada, otras grasas, azúcares totales, grasa, sodio y energía. Por disposición siempre se encontrarán en ese orden principalmente al frente de los envases que los contienen. La norma indica que debe mostrarse claramente el porcentaje de nutrimentos que proporciona dicho alimento. Sin embargo, estos números pueden no decirnos mucho si no sabemos cómo interpretarlos.

El porcentaje es un valor estimado considerando una cantidad total de 100. Sobre ello se asigna la proporción de ese 100 que cubre el alimento a consumir. Eso no significa que tengamos que consumir 100 calorías y tampoco que ese estimado es el mismo para todos. Aunque en general el requisito energético de una persona (calorías) varía por sexo, estatura, edad y actividad física, la norma menciona que la ingesta diaria recomendada se estimó, estadísticamente, para ser representativa para el 97.5 % de los individuos de una población determinada.

Es importante notar si el porcentaje mencionado en la etiqueta es por el total del envase o por porción. En este último caso, si nos comemos todo el contenido el % puede ser mayor y para saber el total de un envase se tendría que multiplicar el porcentaje por el número de porciones indicadas.

Llama también la atención el uso de la palabra ‘nutrimento’, pues puede ocasionar un error de comprensión al considerar dichos componentes como algo bueno y por lo tanto querer sobrepasar el 100 % con miras a tener una mejor salud. Lo cual es un error, pues los valores totales estimados se basan en consumos saludables que evitan o retrasan enfermedades como la diabetes (azucares totales), niveles de colesterol altos (otras grasas), problemas del corazón (grasa saturada), hipertensión (sodio), síndrome metabólico, obesidad, etc.

Los porcentajes establecidos se basaron en estimaciones que determinaron que al día una persona debe de consumir:

  • 200 calorías de grasa saturada
  • 400 calorías de otras grasas
  • 360 calorías de azúcares totales
  • 2000mg (2g) de sodio.

etiquetado de alimentos

 

De esta manera, uno puede observar qué porcentaje de la dieta se está cubriendo al consumir determinado alimento, pero con la finalidad de no sobrepasar el 100%. Una desventaja a tomar en cuenta, es que no podemos conocer con seguridad la cantidad adicional que nos proporcionan los alimentos que no están envasados. Aunque se puede hacer un estimado considerando el tipo y cantidad de los alimentos que consumimos, sería algo complicado si no somos nutriólogos.

 

México no es el único país con una normatividad de este tipo. En Latinoamérica existen programas similares de etiquetado de alimentos. Llama la atención el caso de Chile donde simplemente se coloca una leyenda que indica si se está consumiendo algo alto en grasa, azúcares o sodio (si se consumieran 100 g del producto). Además, se prohibió el uso de caricaturas o dibujos para alimentos altos en azucares. A pesar de ello, algunos productos como los cereales ‘para niños’ buscan contrarrestar estas medidas, justificando que una porción normal es menor a 100 g, lo cual no representaría el riesgo de alto en azúcar.

Un modelo mejor calificado es el que se tiene en Ecuador con el etiquetado “semáforo”, donde las leyendas de etiquetado expresan por colores si una porción de 100 g o mL tiene un nivel bajo, medio o alto de sodio, azúcar o grasas. Y, el reglamento exige que se informe si los productos tienen presencia de transgénicos o edulcorantes sin calorías.

etiquetado de alimentos

 

Con respecto a los edulcorantes, ¿has observado que es muy difícil encontrar una gelatina para preparar sin acetasulfame de potasio o sucralosa? ¿O que incluso el yogurt para beber que no es de dieta también los contiene? ¿O el cereal, el pan o los refrescos? Cada vez más y más productos tienen edulcorantes. Y un riesgo del etiquetado mexicano en porcentaje, es que las marcas compiten por mostrar que tienen menos calorías o menos % de azúcares. En ese afán se utilizan suplementos para los azúcares que no siempre son los más indicados para todos o que aún no se han demostrado plenamente su inocuidad a largo plazo (estevia, sucralosa, sacarina, etc.).

¿Sabías que un adulto no debe de sobrepasar 4.7 mg/kg-peso-corporal, de sucralosa al día?[7]

Así que la próxima vez que compres tu desayuno en la tiendita de la esquina o pases por el postre después de la comida, busca la etiqueta. De esta manera, es más fácil que puedas revisar el porcentaje que los nutrimentos consumidos en los alimentos preenvasados para evitar sobrepasar el 100%, teniendo una referencia mejor que sólo cantidades en gramos, para orientarte y decidir si te terminas la porción completa o busca sustitutos más saludables.

Referencias

[1] http://charlatanes.blogspot.mx/2013/06/de-que-esta-hecha-tu-manzana.html?m=0

[2] https://jameskennedymonash.wordpress.com/2013/12/12/ingredients-of-an-all-natural-banana/

[3] https://jameskennedymonash.wordpress.com/2016/06/18/chemophobia-is-irrational-harmful-and-hard-to-break/

[4] http://www.bbc.com/mundo/especial/vert_fut/2016/03/160305_vert_que_es_la_quimiofobia_yv

[5] http://www.wcrf.org/int/policy/nourishing-framework/about-nourishing#what-is-nourishing

[6] https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/55012/ManualEtiquetado_VF.pdf

[7] https://www.gpo.gov/fdsys/pkg/FR-1998-04-03/html/98-8750.htm